EPISODIO XV.I

15 DE OCTUBRE DE 2018

En realidad, hoy pensaba escribir de cosas livianas. Pensaba hacer un escrito de orientación en cuanto a un asunto que quizás no era de una importancia brutal, pero podía levantar una bandera en cuanto lo que es las prácticas comerciales que podrían considerarse ilegales en este país. Cada uno debe y tiene la obligación de aportar, dentro de las circunstancias, para el mejoramiento de nuestra islita.

En mi caso, aunque digo las cosas y me inventé este blog, mi voz es muda muchas veces. Pero hay voces poderosas que pueden hacer un bien a la sociedad y se ponen a decir estupideces cada vez que abren la boca.

No pensaba decir nada sobre esto, pero mano, estamos llegando al borde del abismo y no nos estamos dando cuenta. O por lo menos, hay una partida de ciudadanos a los que les gusta que los mantengan con el baile, la baraja y la botella que están siendo manipulados cada día más con la ineptitud de un sistema.

Kid Ricky es el gobernador de este país, para gusto de unos y disgusto de muchos. Kid Ricky es un muchachito que le llegó la gobernación en bandeja de plata y no ha podido hacer nada que valga la pena desde que llegó a esa silla. El niño que dijo que tenía un plan inexistente. El niño que dijo que podía pagar la deuda. El niño que dijo que era amigo de la JCF y que podía trabajar mano a mano con ese engendro del Congreso que nos buscamos. Ya han pasado dos años y no ha podido articular ni su plan, no pudo pagar la deuda y no ha podido trabajar mano a mano con la JCF.

Tiene a varios adefesios dirigiendo agencias que no han hecho lo que tienen que hacer. Un Super Secretario de $248,500, la princesa de $250,000, una agencia cuasi privada para promover la isla que nos cuesta $30 millones, una legislatura que no le responde y cada vez que tienen la oportunidad lo apuñalan por la espalda y un inepto con suerte que no ha podido resolver el problema de los semáforos después del huracán, tiene las carreteras llenas de boquetes y las carreteras que están arreglando, tienen más parchos que el pantalón del Chavo del Ocho.

Pero eso querías, eso tienes.

Para acabar de jod**nos, pues ahora el muy brillante, le pide a un individuo que lo llaman artista, aunque esa palabra le queda muy grande, que abra una función adicional de su concierto. A la verdad que hay que ser bien, pero que bien (imagínense el sustantivo, y le pueden añadir un adjetivo). Tiene el país hecho un caos de seguridad y el muy (***) lo que le interesa es un concierto de trap. ¿Esa es la educación que quiere llevar a su nuevo sistema educativo? ¿Ese es el tipo de turismo que quiere traer cuando en las canciones lo que hablan es de crimen, violencia y drogas?

Nada, nos vamos felizmente por un boquete y a nadie le importa. Que mal nos va.

Eso queríamos, eso tenemos.

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